FILOSOFÍA
“LO QUE ESTÁ SOBRE TAMBIÉN PUEDE ESTAR BAJO Y VICEVERSA”
Herpes telúricos
FABRICIO SIMEONI, El Fisgón Digital

Ver epígrafe (*)
20/08/2012 -
Un terremoto con epicentro en el bar se agudiza aumentando su escala en la fiebre que la puta marca con el termómetro bajo su axila, lo había agitado antes de la primera oscilación. Después pidió un trago con mucho hielo. Mi madre está esperando en casa quién sabe si el regreso de otro hijo o el reflujo de las réplicas.
Un terremoto con hipocentro en la casa del deseo aminora el deceso causante de las cosas que lo habitan, una mueca o el desenfado desprovisto del símbolo exacto que determine su mutilación o su desenlace. Nos movíamos como si cada uno proviniese del mismo punto subterráneo que se expande hacia la superficie y nos frena como el miedo, la forma.
El arancel nunca coincidió con Fahrenheit y así con el piso habilitado a todas las grietas se fueron disolviendo las miradas apoyadas en los codos sobre cada mesa, bajo el sermón del viejo precavido que señala una imagen sacra. El recurso psicoanalista de promulgar la condición de la angustia como impostergable, como irreductible.
Lo que está sobre también puede estar bajo y viceversa. Trazar el hilo conductor hacia la viga que cae ostentosa sobre el literario, haciendo recapacitar el instante en que habíamos sido objeto de la desmesura, ducto natural de propiedades arenosas. La tierra sabe de los efluvios de su temperatura y la evacuación.
Siempre debe haber putas y terremotos en los bares, para aliviar el paso del tiempo que regentea el espacio haciéndolo circular por cada lado perimetral de un rectángulo perentorio. No se había escuchado la sirena, pasaban las monjas cantoras de la Iglesia coral y clara secuencia se mezclaba con sus lados, una figura geométrica puede ser infinita cuando las ondas del eco revientan el soliloquio de lo que no aceptan un traqueteo más.
Mi madre vio la hora y comenzó a preocuparse, el noticiero anunciaba nuevos sismos para esta noche, aún no había vuelto ningún hijo. La suposición sería injusta frente al derrumbe. Un escombro más o un escombro menos para el antibiótico y su dosis marginal en los retrasos repetidos por traer la cuenta. El techo cuenta otra historia, sucumbido al desvelo de la chica que cambió de oficio.
Mañana abrimos igual, después de las 10.
(*) Epígrafe. “Siempre debe haber putas y terremotos en los bares, (…)”